¿Y si la competición no consiste en ganar, sino en esforzarnos juntos?
Durante los Juegos Olímpicos de invierno, vimos cómo países de todo el mundo se unían para competir en diversas pruebas. A simple vista, estas competencias parecen tener ganadores que se llevan medallas a casa y otros que regresan con las manos vacías. Pero el significado original de competir proviene del latín competere, que significa “esforzarse juntos” o “buscar juntos”. Esto apunta a una visión más profunda de la competencia: la idea de que todos trabajamos juntos, unidos por un objetivo común.
Sin embargo, el mundo actual a menudo nos presenta una imagen diferente. En lugar de esforzarnos juntos, parece que nuestras diferencias nos separan cada vez más.
Esto aumenta unas preguntas importantes: ¿Existe un camino espiritual hacia la unidad teniendo enfrente a la división? ¿Y puede la oración por la unidad ayudarnos a sentirnos más conectados, incluso en tiempos de división?
¿Qué nos muestra la Biblia sobre la unidad?
La Biblia ofrece muchos ejemplos poderosos de unidad. En los Salmos leemos:
¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es Habitar los hermanos juntos en armonía!
Salmos 133:1
Esto apunta a nuestra verdadera conexión espiritual como hijos del único Padre-Madre Dios.
Más adelante en la Biblia, la historia de Pentecostés ofrece un ejemplo inspirador de grupos diversos que se reúnen “estaban todos unánimes juntos.” (Hechos 2:1) A pesar de sus diferentes orígenes e idiomas, estos grupos fueron capaces de entenderse claramente y trabajar juntos en paz.
¿Puede la oración por la unidad tener realmente un impacto?
A través de la oración, podemos vislumbrar nuestra conexión con Dios y sentir la paz de Su amor universal —un amor que nos une a todos—. Comenzamos a ver que el Amor es una presencia divina que puede verse y sentirse en cualquier circunstancia y en cualquier lugar.
Como explica Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras:
Con un único Padre, o sea, Dios, todos en la familia humana serían hermanos; y con una única Mente, y siendo esa Dios, o el bien, la hermandad del hombre consistiría en Amor y Verdad, y tendría la unidad del Principio y el poder espiritual que constituyen la Ciencia divina.
Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras, Mary Baker Eddy, pp. 469:30–5
¿Nos dividen las diferencias?
¿Y si parece que nuestras perspectivas son demasiado diferentes? ¿Podemos realmente “esforzarnos juntos”? Desde un punto de vista estrictamente humanista, estas barreras pueden parecer insuperables.
Pero al ver más profundamente, a menudo descubrimos que nuestros deseos son más parecidos que diferentes. Todos anhelamos amor, paz, propósito y alegría. Reconocer esta base compartida puede ayudarnos a apoyarnos mutuamente, incluso cuando nuestros caminos parecen diferentes.
Un cambio sanador en la competencia: un testimonio desde el sur de California
Tuve una experiencia que fue un ejemplo de unidad y paz como corredora de carrera a campo traviesa en el preparatoria. En la competencia más importante del año, las semifinales del estado de California, oraba para sentir una sensación de paz antes de llegar a la línea de salida.
Recibí el mensaje, un empujón divino, de que revise la lista de nombres de las mujeres con las que iba a competir. Al repasar la lista, sentí una abrumadora sensación de Amor. Sentí que el Amor nos rodeaba a mí y a todas las mujeres que competían ese día. Vi que ellas no eran personas a las que tenia que vencer en la carrera, sino que todas nos estábamos ayudando a dar lo mejor de nosotras mismas, a correr con excelencia en el recorrido.
Me sentí tan libre al acercarme a la línea de salida, sin el peso de intensos sentimientos de rivalidad, sino elevada por una sensación pura y maravillosa de Amor divino.
Empecé la carrera con paciencia, subiendo la primera serie de colinas con la seguridad y la confianza de que Dios, el Amor, estaba conmigo en cada paso del camino. Mantuve un ritmo fuerte hasta el final y terminé en segundo lugar.

Creo que lo importante es que, independientemente de la posición en la que quedamos, tenemos la oportunidad de ayudar a quienes nos rodean. Si somos los primeros, lideramos la carrera, y si somos los últimos, podemos empujar desde atrás y mantener la carrera reñida. Cada uno de nosotros tiene la oportunidad de dar lo mejor de sí mismo y ayudar a los demás a hacer lo mismo.
Al recordar esta experiencia, me doy cuenta de que estaba aprendiendo el verdadero significado de la unidad: no competir unos contra otros, sino esforzarnos juntos bajo la guía de Dios. También aprendí que la unidad no es algo que tengamos que forzar, sino que se desarrolla de forma natural cuando nos volvemos a Dios en oración.
Ver a los demás desde la perspectiva de la unidad
La oración por la unidad nos ayuda a mirar más allá de las diferencias superficiales y a reconocer las cualidades espirituales más profundas que todos compartimos. En lugar de competir unos contra otros, podemos empezar a esforzarnos juntos, reconociendo que todos avanzamos bajo el mismo propósito divino.
A través de la oración por la unidad, empezamos a ver que no estamos separados, sino conectados —expresando la misma fuente de amor, fuerza y armonía. Incluso en un mundo dividido, esta perspectiva espiritual aporta un sentido más profundo de paz y propósito.








